
Perdón por intolerarlos
Periodismo y tema
En el prólogo a Lend me your ears. Great speeches in history, William Safire justifica su antología de los mejores discursos a lo largo de la historia a partir de que los textos cumplan con los siguientes elementos: estructura, estar orientado a la ocasión, ser adecuado para el foro en el que se presenta, tener un enfoque claro, contar con un propósito, utilizar frases cortas y poderosas, ser expresado con pasión, absorber la atención del público y fundamentarse en un tema central. Safire considera que el ingrediente más importante es el tema, al final –señala en el libro–debes ser capaz de contestar en una palabra, con una frase, la pregunta de la persona que no pudo estar ahí: ¿de qué se trató el discurso?
Busqué la referencia en el libro de Safire al recordar un discurso que Tomás Eloy Martínez ofreció en el taller seminario “Situaciones de crisis en medios impresos”, en la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (marzo 15, 1996), busqué la referencia para ver si descubría qué es lo que convierte en inolvidable las palabras del autor de El vuelo de la reina y Purgatorio, para hallar la razón por la que escribo una columna en un periódico como La Jornada Aguascalientes, a pesar de todo.
Cada vez con mayor frecuencia pienso en lo inútil de la tarea de escribir un texto que, en el mejor de los casos, llegará a una decena de miradas y será olvidado casi en forma inmediata; cuando eso sucede, invariablemente, pienso en las palabras del escritor argentino quien definió al periodismo como “un acto de servicio”, quien señalaba que “Ser periodista significa ponerse en el lugar del otro, comprender lo otro. Y, a veces, también ser otro”. Si bien sé que, a pesar de mis ambiciones, no soy periodista, apenas un opinador, esa definición me alienta a escribir una columna, como una forma de acercarme a esta honorable profesión.
Además de la otredad, Eloy Martínez, en el discurso del 96, señaló que el periodista “está obligado a pensar todo el tiempo en su lector, porque si no supiera cómo es ese lector, ¿de qué manera podría responder a sus preguntas? En el periodista, entonces, hay una alianza de fidelidades: fidelidad a la propia conciencia, fidelidad al lector y fidelidad a la verdad. El lector es siempre un factor mucho más activo y exigente de lo que algunos empresarios suelen suponer. A la avidez de conocimiento del lector no se la sacia con el escándalo sino con la investigación honesta, no se le aplaca con golpes de efecto sino con la narración de cada hecho dentro de su contexto y de sus antecedentes. Al lector no se lo distrae con fuegos de artificio o con denuncias estrepitosas que se desvanecen al día siguiente, sino que se lo respeta con la información precisa. Cada vez que un periodista arroja leña en el fuego fatuo del escándalo está apagando con cenizas el fuego genuino de la información. El periodismo no es un circo para exhibirse, sino un instrumento para pensar, para crear, para ayudar al hombre en su eterno combate por una vida más digna y menos injusta.” Si escribir una columna me acerca, aunque sea un poco a eso, entonces vale la pena.
Al buscar en Safire algo que explicara el deslumbramiento que me provoca el discurso ante la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, descubrí que es la idea central, el tema: el periodismo como pensamiento y creación.
Me permito de nuevo citar en extenso: “El periodismo encuentra su sistema actual de representación y la verdad de su lenguaje en el momento en que se impone una nueva ética. Según esa ética, el periodista no es un agente pasivo que observa la realidad y la comunica; no es una mera polea de transmisión entre las fuentes y el lector sino, ante todo, una voz a través de la cual se puede pensar la realidad, reconocer las emociones y las tensiones secretas de la realidad, entender el por qué y el para qué y el cómo de las cosas con el deslumbramiento de quien las está viendo por primera vez.”
Con esas palabras en la memoria, golpeteando, puedo justificar la columna del día de hoy, porque eso creo que debe ser el periodismo, que un proyecto como La Jornada Aguascalientes todavía lo puede ser, a pesar de todo.
El desaliento que me hizo acudir a Safire y Eloy Martínez, creo que debo explicar, provino de una larga conversación con dos compañeros y amigos del diario en relación con la información que se ha publicado en estas páginas sobre los casi tres millones de pesos que el Congreso de Aguascalientes empleará en “difundir” la Reforma Penal. Durante la conversación intentaba regresar una y otra vez a lo que, para mí, es el tema principal: el manejo del dinero público, la falta de transparencia y reglas claras para invertir en un medio.
La fuga de información sobre los montos que los diputados quieren asignar para “difusión” se presta a montones de interpretaciones, con esos datos se pueden crear candidaturas, apuntalar prestigios, levantar infundios, repartir y embarrar a muchos, el riesgo es olvidar cuál es el tema central. Vociferar indignación a nombre de los pobres es caer en el juego de los políticos, la difusión de las tareas de gobierno es indispensable, es una obligación, y los medios son las empresas que sirven a ese propósito. El tema, una y otra vez, es la falta de reglas. Invertir en un medio, en el mundo ideal, debería ser un acto que se realiza a partir de un análisis de las ventajas que ofrece para el gobierno anunciarse o no en unas páginas, a quiénes va a llegar, qué público puede mover, cómo serán informados los lectores. En el mundo real de Aguascalientes, esas no son las consideraciones, privan el amiguismo y el temor.
Los beneficiados con el dinero público que los diputados quieren gastar no serán quienes demuestren que lo merecen, es decir, quienes presenten a su medio como la mejor vía para llegar a los lectores, serán quienes estén más cerca del diputado que busca sacar raja al diseño del presupuesto, los cuates a los que se les cobrará el favor más adelante, pero aún, otros de los beneficiados serán quienes trabajan la información de manera que sirva para el chantaje, se pagará entonces para no ser mencionado en las columnas, para que la fotografía incómoda no salga, para que no se enseñe la larga cola que los políticos suelen tener.
Un periódico, en eso creo, es una empresa con dos vocaciones que no saben convivir armónicamente: la mercantil y la informativa, sin embargo, que su convivencia sea difícil no implica que sea imposible, es tarea de los dueños de la empresa y de los periodistas encontrar el justo equilibrio obtener una ganancia licita a partir de la generación de información, sin embargo, la asignación de presupuesto por parte de los diputados, lo que muestra es una falta de respeto a esa decisión que debe ser de un medio, indica con su cinismo que a la sombra del “perro no come perro” los medios no hablarán de lo injusto de las decisiones, que siempre se podrá aventar otro hueso para tener a los “amigos de la prensa” bailando al son que les toque.
El tema, les decía a mis compañeros, no es quién va a aprovechar ese dinero, el tema es la falta de vergüenza de los diputados para usar el dinero público sin otro criterio que no sea el personal. Hoy es el presupuesto para “difusión” de la Reforma Penal, responsabilidad de la que se puede sacudir el diputado Gregoria Zamarripa declarando que “oficialmente” no existe un paquete económico aprobado, mañana serán los dineros para elaborar un diagnóstico, asesores, viáticos, botellitas de agua con el logo de la Legislatura actual, lo que usted guste, a final de cuentas siempre estarán confiados a que olvidamos lo importante.
No son los tres o casi tres millones de pesos, es la forma en que se usa el dinero, que a pesar de todos los discursos, de las buenas intenciones con que se llenan la boca durante campaña, una vez instalados en la curul, los legisladores hacen lo imposible para no rendir cuentas de forma transparente, que se escudan en la opacidad de los usos y costumbres, del miedo que tienen a que les den un periodicazo y, muy lamentable, al triste papel del amigo con dinero que dispara las borracheras con dinero ajeno.
Publicado en La Jornada Aguascalientes (28/03/2011)




